La miel podría ser un importante complemento para evitar la resistencia a los antibióticos.


miel

La resistencia a los antibióticos es un problema que crece con el tiempo. Tenemos un ejemplo del problema que representa esta resistencia y es la bacteria que produce gonorrea. Van apareciendo cepas de la bacteria Neisseria gonorrhoeae resistente a cefalosporinas, la última generación de antibióticos disponibles para esta infección por lo que si el panorama no cambia en unos años no habrá tratamiento eficaz para esta y muchas infecciones bacterianas.

Esta resistencia a antibióticos se genera por el acceso irrestricto y el mal usos de estos fármacos que permiten a las bacterias sintetizar mecanismos que anulen la actividad de los antibióticos.

En la 247 Reunión Nacional de la Sociedad Química Americana, que se celebra en Dallas, Estados Unidos un grupo de investigadores nos presenta las excelentes propiedades de un producto natural; la miel.

Las propiedades de la miel no son nuevas. Los egipcios ya trataban patologías como catarátas, pequeñas úlceras con este producto natural. En la época Romana, Hipócrates ya enunciaba las excelentes cualidades de la miel para curar quemaduras heridas… Sin irnos tan lejos en la historia, en la I Guerra Mundial los vendajes de los soldados alemanes heridos se impregnaban de miel para acelerar su curación.

 “La propiedad única de la miel se encuentra en su capacidad para combatir infecciones a varios niveles, lo que hace más difícil que las bacterias desarrollen resistencia –subraya la líder del estudio, Susan M. Meschwitz–. Es decir, utiliza una combinación de armas, como el peróxido de hidrógeno, la acidez, su efecto osmótico, la alta concentración de azúcar y los polifenoles, que matan activamente las células bacterianas”. El efecto osmótico, que es el resultado de la alta concentración de azúcar en la miel, extrae agua de las células bacterianas, deshidratándolas y matándolas.

Además, varios estudios han demostrado que la miel inhibe la formación de biopelículas o comunidades de bacterias que causan enfermedades viscosas. “La miel también puede alterar la percepción de quórum, debilitando la virulencia bacteriana, lo que hace a las bacterias más susceptibles a los antibióticos convencionales”, apunta Meschwitz.

Meschwitz, que trabaja en la Universidad de Newport, en Rhode Island, Estados Unidos, agrega que otra ventaja de la miel es que, a diferencia de los antibióticos convencionales, no se dirige a los procesos de crecimiento esenciales de las bacterias. El problema de ese tipo de focalización, que es la base de los antibióticos convencionales, es que fomenta que las bacterias acumulen resistencia a los medicamentos.

Esto reforzaría la tesis de varios estudios que confirman las propiedades antibacterianas, antifúngicas y antivirales de la miel basándose en su actividad antioxidante.

“Hemos llevado a cabo pruebas de antioxidantes convencionales a base de miel para medir el nivel de actividad antioxidante”, explica esta investigadora. “Hemos separado e identificado los diversos compuestos polifenólicos antioxidantes. En nuestros estudios antibacterianos, hemos estado probando la actividad de la miel contra ‘E. Coli’, ‘Staphylococcus aureus’ y ‘Pseudomonas aeruginosa’, entre otros”, concluye Meschwitz.

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